Por lo general, cuando abro una geoda, me centro tanto en las piezas y en como sacarlas, y disfruto tanto del proceso, que no suelo acordarme de parar a realizar fotografías. Este caso, sin embargo, fue una de las excepciones, y sí que realicé, si no muchas, sí que unas pocas de ellas. Se trata de una geoda de calcita, en el Naranco, de la cual salieron varias piezas de una bonita tonalidad miel y con mucho brillo.
Por desgracia, en estas localizaciones, las geodas suelen estar bastante reventadas, lo que hace que una buena parte de las calcitas presenten toques y rayones de mayor o menor calibre, y sólo una pequeña parte de ellas sea realmente aprovechable.
Otra de las piezas de la geoda

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