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domingo, 31 de octubre de 2021

MI PRIMERA FLUORITA.



Los primeros lugares a los que uno va a picar cuando se inicia en el coleccionismo de minerales y es asturiano, son, indefectiblemente, La Collada y Berbes; vaya, que sí o sí. 
Claro pues; como no podía ser de otra forma, hacia allí me encaminé yo, y por ese orden. Y lo que son las cosas; de esas primeras salidas, primero en la Collada y en Berbes después, aún conservo piezas en colección que no he podido mejorar, y que ahora ya se quedarán en ella de cualquier forma, pues poseen un valor añadido. 



Fluorita. Los Cobayos, Berbes, Ribadesella, Asturias. 95x60x55mm. Cristal mayor: 20x16mm



Una de esas piezas irremplazables es, precisamente, la que hoy muestro en esta entrada; y voy a contar un poco, y de forma breve, su historia. 



Otra vista, desde arriba, de la pieza. 



La primera vez que fui a Berbes llevaba coleccionando unos tres meses, es decir, no tenía ni puta idea de absolutamente nada. Había leído mucho, cierto, y me había informado lo más posible sobre el lugar y lo que tenía que buscar, y además, tenía la reciente experiencia de haber abierto una geoda en la Sirena; pero esas eran las únicas fluoritas que había tenido en mi mano, y aquel golpe de suerte no me había enseñado nada sobre cómo buscar y picar; simplemente había tenido eso, suerte. 
Así que, como decía, no tenía ni zorra idea, pero eso sí, lo compensaba un poquitín con muchas, muchas ganas. 
Me pasé casi un día entero reconociendo todo el lugar, desde el monte cerrado donde deberían haber estado los Cuetos II y del Aspa, pasando por el Frondil, hasta Los Cobayos y La Cabaña y llegando hasta  lo alto de las Picas. 



Vista de la pieza por la parte trasera, también repleta de cubos. 



Esa primera vez no me llevé nada para casa, excepto una imagen: un hueco de medio metro de diámetro abierto a unos tres metros de altura en medio de la pared. 
Y con esa imagen en la cabeza me fui para casa y me acosté; y con ella desperté y fui a trabajar, y con ella, finalmente, monté en el coche y conduje de nuevo hasta Berbes, esta vez preparado para llegar hasta ella. Con arnés y una cuerda con la que asegurarme, subí hasta la Paredona y sin pensármelo ni pararme un segundo a mirar al rededor, trepé hasta el hueco como mejor pude. 
La posición, una vez arriba, era muy incómoda y bastante inestable. Un pie punteaba sobre una mínima laja a mi izquierda, y el otro, algo más alto, presionaba sobre un canto a la derecha, manteniendome casi por oposición. La Cuerda estaba atada abajo, y yo me aseguraba con un shunt, un bloqueador que, al menos aquí, llamamos pato. Me había asegurado, dos palmos por encima de mi cabeza, a un viejo clavo que ya estaba allí y a un fisurero que yo había metido, pero no me fiaba demasiado ni del clavo ni de la grieta donde había anclado el fisurero. Para más colmo, la geoda era grande, como un tubo,  y había que meterse dentro, a la larga, para llegar al fondo (lo demás estaba ya extraído o machacado), y para ello tenía que dejar un poco de comba en la cuerda, lo que quiere decir que si caía, pegaría un tirón sobre los seguros, y si estos saltaban, la hostia, aunque no había mucha altura, podría ser suficiente para hacerse mucho daño. 




Vista de la Paredona, donde se encontraba la geoda, con playa Vega al fondo. 



Sea como sea, no hubo caída y no fue necesario confiarse a los seguros. 
La geoda, como he dicho, era una especie de tubo aplanado en la que podías introducir medio cuerpo a lo largo. De esta forma podías llegar al fondo, pero con el inconveniente de que ello no te permitía movilidad suficiente como para poder picar, así que solo podías usar los dedos para intentar extraer las piezas que pudiesen estar sueltas. De aquí logré extraer dos piezas que también conservo en la colección y que mostraré más adelante, pero la que hoy muestro no salió de esta geoda, si no de otra más pequeña justo al lado. 
De esta primera geoda de la que hablaba había que salir cada poco a respirar y estirarse, porque la posición dentro de ella era muy incómoda y bastante agobiante. En una de esas salidas y al ir a comprobar el fisurero que había metido me fije en algo que hasta entonces no había visto. Por encima de mi cabeza y a mi derecha se abría otro pequeño hueco. La mala noticia era que no podía auparme hasta el para verlo, pero la buena era que llegaba bastante bien con la mano. 



La Paredona Vista desde abajo. En la zona izquierda de esta foto, quizás algo fuera de encuadre, es por donde se encontraban las dos geodas. 



La Paredona vista desde la zona alta de los Cobayos. 



Tuve que abrirla un poco más, cosa que costó bastante debido a lo precario de la posicion y lo muy incómodo de la postura, pero finalmente pude acceder al interior y sacar lo que había dentro. Por suerte todo estaba suelto, o casi todo; por desgracia todo estaba roto...  O casi todo. 
Al fondo de la geoda había una pieza, la única que no estaba del todo suelta, aunque solo fue necesario un poco de insistencia para que se desprendiese de la pared; también, y por suerte, era la única que no estaba compretamente machacada. La envolví con mucho cuidado y me la guardé en la mochila. Media hora después ya estaba recogiendo el material para volverme para casa. 
Hasta que no la lavé bien y le quité la arcilla no fui consciente de la calidad real de la pieza. Esa es la pieza que aparece en estas fotografías. Segundo yacimiento que visitaba y segundo golpe de suerte, y al igual que en el primero, no he vuelto a sacar en ellos piezas mejores. 
Los cristales no pasan de dos centímetros, pero tienen un color, una transparencia y un brillo increíbles, además de marcados zonados de crecimiento, o fantasmas. 



viernes, 29 de octubre de 2021

CUARZOS DEL CORIELLU.



Estos cuarzos aparecieron hace unos años en las labores a cielo abierto de los niveles superiores de la mina.



Cuarzo. Mina El Coriellu, San Cosme de Llerandi, Parres, Asturias. 220x170mm



Justo a la derecha de la entrada a un balcón que se asomaba a las labores inferiores del nivel superior, existía una repisa a la que no era difícil trepar. Desde esa repisa y mirando hacia arriba a la derecha podía verse una gran grieta que quedaba muy a desmano. Alejada sobre un metro a la derecha de la repisa y unos tres metros por encima de la misma, era completamente inacesible. Bueno, o casi... 



Arriba, en el centro, puede verse el balcón al que me refiero en el anterior párrafo. En la pared a su izquierda, y por afuera, estaban en su momento la repisa y la geoda. La última vez que fui, hará ya un par de años, toda la, pared donde estaba la geoda había desaparecido. 



En esta foto puede observarse mejor el brillo del cuarzo. 



Realmente era imposible llegar más allá de la misma boca de la geoda con las manos, pero si podía, con ayuda de  la linterna frontal, ver más o menos su interior. La grieta tendría unas tres palmas de altura por un metro de ancho, pero con una longitud de dos o más metros, y toda ella tenía el techo tapizado de cristales de cuarzo. El suelo estaba lleno de hojarasca y musgo seco, que presumiblemente se iría colando a lo largo de los años por una abertura que existía en el otro extremo de la grieta. Y lo más importante: en los cuarzos del techo se podía ver una amplia fractura que los separaba de la roca matriz. Así fue que me decidí a buscar una vara lo más rígida posible y lo suficientemente larga, cosa no muy difícil por aquellos lares. 



La última vez que me acerqué a la mina, habían picado lo indecible, haciendo desaparecer la mayor parte de la pared donde aparecían los cuarzos y también las tetraedritas. Un argallo termino de liquidar gran parte de esa zona del yacimiento. 


La cuestión funcionó asi: una vez con la vara y de nuevo sobre la repisa, empecé a tantear la fisura que separaba a los cuarzos del techo, con la intención de ir soltando placas, y confiando en que la gran cantidad de hojarasca que cubría el suelo impidiese que se dañasen. 
Lo cierto es que funcionó tal cual habíamos pensado. Nada mas empecé a introducir unos centímetros de la vara en la fisura y a apalancar ligeramente, las placas de cuarzo empezaron a soltarse y a caer sobre la manta de hojas del suelo de la grieta. Ahora se trataba de aprovechar la inclinación que tenía la grieta para ir echando las placas hacia nosotros con la ayuda de la vara, y una vez asomasen por la boca, estirarse lo más posible, con cuidado de no caer, y agarrarlas con las manos. Por suerte, la hojarasca del suelo de la geoda, amortiguó la caída de los cuarzos desde el techo de la, misma, y las puntas salieron finalmente sin daños. 



En la entrada al balcón, justo antes de la pared de la geoda. 



Así, manda guevos, con un palo, sacamos del orden de 40 piezas, de las cuales yo conservo en colección la que muestro en esta entrada



Detalle de las recristalizaciones y las áreas sin recubrir. 

Los cuarzos tienen poco desarroyo en sí, y carecen de transparencia, aunque si presentan buen brillo. Pero tienen, además, dos características que los hacen únicos y los distinguen de otros ejemplares similares. La primera son las inclusiones, presumiblemente de óxidos, que forman líneas y manchas rosadas en todo lo amplio de las piezas. La segunda es una cristalización postrera que recubre toda la cristalización anterior, pero dejando libres pequeñas áreas , a modo de una especie de ventanas que dejarían ver el cuarzo interior. 


lunes, 25 de octubre de 2021

CUARZO DE LOS VIVES

Durante el mes de Junio de 2021, dos compañeros Murcianos, Vicente Rockhunter y Javier Díez Polo, recuperaron en una grieta del yacimiento de Los Vives varias piezas de cuarzo azul con un tamaño no visto allí hasta entonces. El excepcional tamaño de los cristales fue, además, acompañado de un muy buen color azul profundo, buena definición de los prismas, siendo alguno de ellos de buen desarrollo, e incluso biterminados, y excelente brillo.


1432. Cuarzo de Los Vives, Orihuela, Alicante. 60x35x25mm. Cristal mayor: 15mm


En las propias palabras de los descubridores:
"Como siempre nos pasa, al comienzo del tajo las expectativas son bajas, hasta que tenemos nuestro golpe de suerte. Balance super positivo: Gran cosecha de cuarzo azul con dolomita, con unos tamaños para caerse para atrás, y una mañana que quedará en nuestra memoria; disfrutamos como auténticos críos."


Pues he tenido la suerte de que una de esas piezas haya llegado hasta mí de mano de Vicente, solo un par de meses después de su descubrimiento. 
Muchas gracias, Vicente, y espero volver a veros pronto por estas tierras norteñas; aquí teneis un amigo. 

domingo, 24 de octubre de 2021

FLUORITA DE LA MINA CUCONA


De pequeño llegué a ver muchas fluoritas amarillas, del sector asturiano de Villabona-Arlós. Y cuando digo muchas quiero decir muchas, y de muchos tipos. Enormes piezas, grandes como el torso de un adulto, o del tamaño de un puño; con buenos cubos de color miel, naranjas o casi traslúcidos ; con barita de muchos tipos , grandes calcitas o cubiertas de pirita; unas formando lotes, otras como adornos; en muros y paredones, en fuentes y estanques para tortugas... 
Como decía, muchas; y todas ellas de mano de un pariente de mi padre que por aquella entonces trabajaba para las minas del sector en cuestión. 


Fluorita con barita de mina Cucona, La Vega (Villabona), Llanera, Asturias. 145x120x65mm. 


El caso es que algunas piezas terminaron en mi casa, de pisapapeles, adornos y cosas así, y que algunas de ellas (el resto se regalaron) terminaron pasando a formar parte de una pequeña e incipiente colección mía; la colección de un niño, claro; un niño sin ningún familiar o conocido que le precediese en dicha afición y del que pudiese aprender a valorarla y preservarla, así que dichas piedras terminaron en una caja junto al resto de tesoros que yo mismo iba rescatando de playas, cuevas y montes (sí, donde yo vivo, ya de niños nos tirábamos al monte y nos metíamos en cuevas)
Hace unos años retomé esta afición a los piedras y empecé una nueva colección, ya un poco más seria, de minerales, y a ella incorporé, in extremis, una calcita de la mina Cucona muy deteriorada. Supe que la mina era la Cucona, concretamente, por el primo de mi padre, el mismo que se la había regalado, junto a otra media docena, a finales de los 80. Obviamente, con esta información, y sabiendo que varias de esas piedras habían sido guardadas por mi mismo, emprendí la desesperada búsqueda. Pero por más que busqué, (y sí que busqué, sí) no encontré nada más; y finalmente las di por perdidas.
Pasaron unos pocos años, y hoy, revolviendo en la buhardilla de casa de mi madre unas cajas con antiguos juguetes de mi hermano y míos, encontré una caja de zapatos entre un "Juegos Reunidos" y unos Master del Universo, y dentro, junto a algunas estalactitas, varias conchas y algún que otro fósil, aparecieron 4 de las piezas de Cucona. 


Tres de ellas estaban, como era de esperar, bastante machacadas; la cuarta, sin embargo, la que muestro en esta entrada, está más que bien y ha sido acogida con todo el cariño del mundo para pasar a formar parte de mi colección , aunque más que pasar a formar parte de ella, debería decir que siempre estuvo ahí.

sábado, 23 de octubre de 2021

BUSCANDO CUARZOS POR TAPIA DE CASARIEGO II.

Primeras horas de la mañana y la marea bajando. Buena hora pa iniciar camín.


La costa de Tapia está repleta de cavidades. Algunas de ellas son cuevas naturales, pero otras están realizadas por el hombre y siguiendo grandes filones de cuarzo. 


Estas búsquedas de cuarzos tapiegos fueron unas de las salidas a piedras que más he disfrutado desde que me inicié, no hace tanto, en el coleccionismo de minerales; y el motivo ha sido la mar. Siempre he mantenido un fuerte vínculo con la mar, desde que era muy, muy niño. En muchas ocasiones he comentado, y quien me conoce bien sabe que es cierto, que sería incapaz de vivir en una provincia sin mar, o alejado de ella. Y esto no es una forma de hablar. Sería literalmente incapaz . 
Vengo de una familia de pescadores, de la ría del Eo, y desde muy pequeño tuve un estrecho contacto con todo lo relacionado con la pesca y la mar. Durante casi toda mi infancia y gran parte de la adolescencia practiqué piragüismo, y me pasaba los días metido en el agua; en ríos y embalses, pero también en la mar y en rías. Recuerdo con gran cariño aquellos años de regatas, como la del Cultural Covadonga en el muelle de Gijón, la de la Ría de Avilés, o las de Navia, La Griega, Unquera, el Puntal de Villaviciosa... El descenso ascenso del Nalón en Pravia... O el sabor a salitre en los últimos kilómetros del Descenso del Sella.


Vistas del entorno de la Playa Del Silencio, volviendo de la puesta en un día de pesca.


Años después, retomé la afición a la pesca con mi padre. Nos pasamos horas y horas en las playas, rías y cantiles. Pescábamos sobre todo a fondo, en la playa, lo que hoy llaman surfcasting, pero también le dábamos sin  complejos a la cacea, la boya o la pesca a pulso. Esos días los recuerdo aún con más cariño y son una de las cosas que más echo de menos en esta vida.
Pero volviendo a las piedras, e intentando no perderme más, esa profunda vinculación con la mar, ese tremendo cariño que le tengo, es lo que ha hecho que disfrutase tan intensamente de estas salidas; de algo, a priori, tan trivial como el olor a algas o el gusto a sal en los labios.




En aquellos años de pesca, además, en muchas ocasiones, las puestas en roca requerían manejarse con cierta soltura por esos terrenos. Esto también ha ayudado a la hora de trepar y destrepar cantiles en busca de los cuarzos. 


Destrepando hacia una puesta de congrio en la costa occidental asturiana. 


Buena pieza de cuarzo recién extraída de la geoda del tubo. 


Y con trepes y destrepes, en total y en todo lo largo de la línea costera, recogí muestras de cuarzo en nueve lugares diferenciados. 
Algunas de las piezas fueron muy buenas, y otras no lo fueron tanto, pero en cualquier caso, cada una de ellas tiene un especial valor para mi.


Recogiendo piezas de cuarzo en una zona algo expuesta. 

viernes, 22 de octubre de 2021

OTRO CUARZO DE SALAVE.

Otro de los ejemplares de cuarzo extraídos de la geoda del tubo, en la costa salaveña de Tapia de Casariego, en Asturias; fué extraída, concretamente, el 12 de Agosto de 2021.
A diferencia de los últimos cuarzos que he subido de este mismo concejo, y a los cuales no acompañaba ningún otro mineral, en la base de este ejemplar aparecen pequeñas agrupaciones de anatasas, no superando el milímetro milímetro ninguna de ellas.


Pieza número 1417 de mi colección personal, con un tamaño de 165x115x80mm.


La pieza en el momento de su extracción, a pie de geoda, cubierta de barro y óxidos.

Se trata de una de las mejores piezas que se lograron en este enclave; cristales con buena transparencia, los pequeños, y translúcidos los más grandes; y muy buen brillo, en general, unos y otros. 
Al salir cubierta de óxidos fue necesaria una limpieza con oxálico. 

miércoles, 20 de octubre de 2021

VIEJAS FLUORITAS DE LA COLLADA.

Las dos fluoritas que muestro en esta entrada de hoy, que forman parte de mi colección personal, y una de las cuales también llega a ella desde Sabero, son un regalo del compañero y amigo Nacho (García Alonso).


Fluorita de la corta Rosario Sur, Minas de la Collada, La Collada de Atrás, Siero, Asturias.  95x55x35mm.


En hábito y morfología son del todo idénticas a las ya clásicas piezas verdes que de esta misma corta han salido durante los últimos años. Estas otras, sin embargo y como se puede ver, en lugar de verdes son de color morado. 




Fueron extraídas en Junio de 1989, en unos años en que las labores, como se puede apreciar en la siguiente foto, aún no estaban tan vegetadas como hoy en día lo están


Estado de las labores a cielo abierto en la corta Rosario Sur durante el verano de 1989. Fotografía de José Ignacio García Alonso.


La zona donde antaño salieron estas piezas, está hoy sepultada bajo toneladas de barro y escombros, y es completamente imposible trabajar en ella. Por ello es más de agradecer aún el poder tener dos de las piezas que fueron recuperadas aquel verano. 


Algunos de los ejemplares extraídos aquel Junio de 1989 antes de la limpieza. 


 Fluorita de la corta Rosario Sur, Minas de la Collada, La Collada de Atrás, Siero, Asturias. 65x55x40mm

martes, 19 de octubre de 2021

BARITAS MURCIANAS II

En esta segunda entrada sobre las baritas murcianas que me traje de Sabero, dos de la mina Haití. 


Barita de la mina Haití, Cabezo de San Ginés, San Ginés de la Jara, Cartagena, Murcia. 115x85x45mm




Barita de la mina Haití, Cabezo de San Ginés, San Ginés de la Jara, Cartagena, Murcia. 70x50x50mm.

lunes, 18 de octubre de 2021

BARITAS MURCIANAS I

De la Primera Feria y Mesa de Intercambio de Castilla y León, en Sabero me traje también algunas baritas de Murcia que iré mostrando en sucesivas entradas.

Barita de mina Teresita, Campos de Golf, Atamaría, Cartagena, Murcia. 85x70x65mm



Las de hoy, estas dos, ambas azules y de Cartagena. 


Barita de la mina Victoria, Cabezo de San Ginés, El Estrecho de San Ginés, Cartagena, Murcia. 95x75x50mm


domingo, 17 de octubre de 2021

GEODA DE LA ALFARERÍA. CALCITAS VIZCAINAS

Y sigo con entradas sobre la feria y mesa de  intercambio de Sabero y las distintas piezas que de allí me traje.
Calcita de la Geoda de la Alfarería, minas de Abanto y Ciérvana, Vizcaya, Euskadi. 115x70x60mm.

Entre los días 12 y 30 de Octubre de 2020, Félix Silva publica en Facebook diversos vídeos y fotografías sobre una geoda abierta en el municipio vizcaíno de Abanto y Ciérvena. De la geoda, abierta ese mismo año y a la que bautizaron como de la Alfarería, debido al abundante barro que la rellenaba, se recuperaron buen número calcitas romboédricas.

Las piezas fueron numeradas, siendo la que pasa a formar parte de mi colección la  número 54.

Pieza con su etiqueta original. 

sábado, 16 de octubre de 2021

BARITA MINA MOSCONA


Este es otro de los cambios efectuados en la Primera feria y mesa de intercambio de minerales, rocas y fósiles de Castilla y León", en la localidad de Sabero, en Agosto de 2021


1309. Mina Moscona, Solís, Corvera, Asturias. 110x75x40mm.


Una barita de la mina Moscona, que a pesar de consistir en un grupo de cristales tabulares de color azul, no es de las típicas que suelen verse, si no de otro tipo mucho menos común en esta localización.
Los cristales, de hábito tabular, como ya hemos dicho,  tienen buen grosor y relativa transparencia, presentando un bonito color de una tonalidad cercana al azul egeo. 



La zona inferior se encuentra cubierta de pirita, y en uno de sus extremos crecen pequeños cristales de calcita "diente de perro". 
En definitiva, una pieza bonita y poco vista para la localidad de la que procede.
 

viernes, 15 de octubre de 2021

MALAESPERA.

Continuando un día más con las piezas que pude cambiar en Sabero, en la Primera Feria y Mesa de Intercambio de Minerales, Rocas y Fósiles de Castilla y León:


Esfalerita, calcopirita, dolomita y cuarzo. Mina Malaespera, barrio de La Peña, Bilbao, Vizcaya.  115x100x75mm



Bonita pieza de esfalerita en dolomita, salpicada de pequeños cristales de cuarzo y calcopirita. Fue recuperada de la mina en 2004.


miércoles, 13 de octubre de 2021

CUARZO DEL SERRABAL

Otra de las piezas cambiadas en la Primera feria y mesa de intercambio de minerales, rocas y fósiles de Castilla y León, en Sabero. En esta ocasión, gallega.

1430. Mina el Serrabal, Outeiro, Vedra, A Coruña, Galicia. 95x90x45mm

Pieza flotante formada por dos cristales biterminados. 
Como en gran parte de las piezas de esta mina, una cara de los cuarzos muestra buen brillo, mientras que la otra aparece cubierta de recrecimientos microcristalinos de cuarzo y de sílice.

Bonito ejemplar que pasa a formar parte de la colección, aunque ya contaba con alguna pieza de esta mina extraída por mi mismo.

GALENA DE MERCADAL

Pieza de galena cubierta de esfalerita, dolomita y marcasita, que conservo de mi primera visita a las minas de Mercadal, hace ya unos añucos...