Vistas del faro de Tapia.
Como ya comenté en la segunda entrada del blog, durante los periodos de pandemia de los años 2020 y 2021, y limitado por los cierres perimetrales y confinamiento, me dediqué a peinar gran parte del concejo tapiego en busca de cuarzos.
Durante estas correrías logré dar con varios lugares de los que pude extraer muestras, de mayor o menor calidad. Algunas de estas piezas presentaban un brillo increíble, como las de la geoda del tubo; otras eran completamente mates, pero con curiosos hábitos. Unos salieron prácticamente limpios, y otros tan cubiertos de óxidos que costaba percatarse de que aquello era un cuarzo.
Cuarzo recién rescatado de un gran bolo en mitad de una cala.
Los lugares en los que aparecieron también fueron de lo más variopinto:
Pequeñas calas de piedra o playas amplias; cuevas naturales o pequeñas catas excavadas en la roca; lisas llambrias fáciles de recorrer o complicados y expuestos cantiles...
Desde Porcía a Serantes, de Serantes a Porcía, se puede encontrar cuarzo en Tapia de Casariego. Y todo lo recorrimos de cabo a rabo.
Tenía yo la ventaja de que es esa una zona costera en la cual ya conocía bien varias puestas y pasos clave, ya que durante años había sido, junto al concejo de Cudillero, uno de los enclaves predilectos de mi padre cuando salíamos al congrio. Esto me fue de gran ayuda a la hora de planificar los recorridos que tenía que realizar, con las entradas y salidas, y teniendo en cuenta las mareas que abren y cierran pasos, para lograr peinar toda la línea costera sin dejarme nada.
Fueron muchos días de buenas pateadas, y en ocasiones trepadas bastante expuestas, pero en los que, para ser sincero, disfruté mucho; y como solía decir mi abuela: "Sarna con gusto no pica"
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