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sábado, 23 de octubre de 2021

BUSCANDO CUARZOS POR TAPIA DE CASARIEGO II.

Primeras horas de la mañana y la marea bajando. Buena hora pa iniciar camín.


La costa de Tapia está repleta de cavidades. Algunas de ellas son cuevas naturales, pero otras están realizadas por el hombre y siguiendo grandes filones de cuarzo. 


Estas búsquedas de cuarzos tapiegos fueron unas de las salidas a piedras que más he disfrutado desde que me inicié, no hace tanto, en el coleccionismo de minerales; y el motivo ha sido la mar. Siempre he mantenido un fuerte vínculo con la mar, desde que era muy, muy niño. En muchas ocasiones he comentado, y quien me conoce bien sabe que es cierto, que sería incapaz de vivir en una provincia sin mar, o alejado de ella. Y esto no es una forma de hablar. Sería literalmente incapaz . 
Vengo de una familia de pescadores, de la ría del Eo, y desde muy pequeño tuve un estrecho contacto con todo lo relacionado con la pesca y la mar. Durante casi toda mi infancia y gran parte de la adolescencia practiqué piragüismo, y me pasaba los días metido en el agua; en ríos y embalses, pero también en la mar y en rías. Recuerdo con gran cariño aquellos años de regatas, como la del Cultural Covadonga en el muelle de Gijón, la de la Ría de Avilés, o las de Navia, La Griega, Unquera, el Puntal de Villaviciosa... El descenso ascenso del Nalón en Pravia... O el sabor a salitre en los últimos kilómetros del Descenso del Sella.


Vistas del entorno de la Playa Del Silencio, volviendo de la puesta en un día de pesca.


Años después, retomé la afición a la pesca con mi padre. Nos pasamos horas y horas en las playas, rías y cantiles. Pescábamos sobre todo a fondo, en la playa, lo que hoy llaman surfcasting, pero también le dábamos sin  complejos a la cacea, la boya o la pesca a pulso. Esos días los recuerdo aún con más cariño y son una de las cosas que más echo de menos en esta vida.
Pero volviendo a las piedras, e intentando no perderme más, esa profunda vinculación con la mar, ese tremendo cariño que le tengo, es lo que ha hecho que disfrutase tan intensamente de estas salidas; de algo, a priori, tan trivial como el olor a algas o el gusto a sal en los labios.




En aquellos años de pesca, además, en muchas ocasiones, las puestas en roca requerían manejarse con cierta soltura por esos terrenos. Esto también ha ayudado a la hora de trepar y destrepar cantiles en busca de los cuarzos. 


Destrepando hacia una puesta de congrio en la costa occidental asturiana. 


Buena pieza de cuarzo recién extraída de la geoda del tubo. 


Y con trepes y destrepes, en total y en todo lo largo de la línea costera, recogí muestras de cuarzo en nueve lugares diferenciados. 
Algunas de las piezas fueron muy buenas, y otras no lo fueron tanto, pero en cualquier caso, cada una de ellas tiene un especial valor para mi.


Recogiendo piezas de cuarzo en una zona algo expuesta. 

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