Primeras horas de la mañana y la marea bajando. Buena hora pa iniciar camín.
La costa de Tapia está repleta de cavidades. Algunas de ellas son cuevas naturales, pero otras están realizadas por el hombre y siguiendo grandes filones de cuarzo.
Estas búsquedas de cuarzos tapiegos fueron unas de las salidas a piedras que más he disfrutado desde que me inicié, no hace tanto, en el coleccionismo de minerales; y el motivo ha sido la mar. Siempre he mantenido un fuerte vínculo con la mar, desde que era muy, muy niño. En muchas ocasiones he comentado, y quien me conoce bien sabe que es cierto, que sería incapaz de vivir en una provincia sin mar, o alejado de ella. Y esto no es una forma de hablar. Sería literalmente incapaz .
Vengo de una familia de pescadores, de la ría del Eo, y desde muy pequeño tuve un estrecho contacto con todo lo relacionado con la pesca y la mar. Durante casi toda mi infancia y gran parte de la adolescencia practiqué piragüismo, y me pasaba los días metido en el agua; en ríos y embalses, pero también en la mar y en rías. Recuerdo con gran cariño aquellos años de regatas, como la del Cultural Covadonga en el muelle de Gijón, la de la Ría de Avilés, o las de Navia, La Griega, Unquera, el Puntal de Villaviciosa... El descenso ascenso del Nalón en Pravia... O el sabor a salitre en los últimos kilómetros del Descenso del Sella.
Años después, retomé la afición a la pesca con mi padre. Nos pasamos horas y horas en las playas, rías y cantiles. Pescábamos sobre todo a fondo, en la playa, lo que hoy llaman surfcasting, pero también le dábamos sin complejos a la cacea, la boya o la pesca a pulso. Esos días los recuerdo aún con más cariño y son una de las cosas que más echo de menos en esta vida.
Pero volviendo a las piedras, e intentando no perderme más, esa profunda vinculación con la mar, ese tremendo cariño que le tengo, es lo que ha hecho que disfrutase tan intensamente de estas salidas; de algo, a priori, tan trivial como el olor a algas o el gusto a sal en los labios.
En aquellos años de pesca, además, en muchas ocasiones, las puestas en roca requerían manejarse con cierta soltura por esos terrenos. Esto también ha ayudado a la hora de trepar y destrepar cantiles en busca de los cuarzos.
Y con trepes y destrepes, en total y en todo lo largo de la línea costera, recogí muestras de cuarzo en nueve lugares diferenciados.
Algunas de las piezas fueron muy buenas, y otras no lo fueron tanto, pero en cualquier caso, cada una de ellas tiene un especial valor para mi.
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