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viernes, 29 de octubre de 2021

CUARZOS DEL CORIELLU.



Estos cuarzos aparecieron hace unos años en las labores a cielo abierto de los niveles superiores de la mina.



Cuarzo. Mina El Coriellu, San Cosme de Llerandi, Parres, Asturias. 220x170mm



Justo a la derecha de la entrada a un balcón que se asomaba a las labores inferiores del nivel superior, existía una repisa a la que no era difícil trepar. Desde esa repisa y mirando hacia arriba a la derecha podía verse una gran grieta que quedaba muy a desmano. Alejada sobre un metro a la derecha de la repisa y unos tres metros por encima de la misma, era completamente inacesible. Bueno, o casi... 



Arriba, en el centro, puede verse el balcón al que me refiero en el anterior párrafo. En la pared a su izquierda, y por afuera, estaban en su momento la repisa y la geoda. La última vez que fui, hará ya un par de años, toda la, pared donde estaba la geoda había desaparecido. 



En esta foto puede observarse mejor el brillo del cuarzo. 



Realmente era imposible llegar más allá de la misma boca de la geoda con las manos, pero si podía, con ayuda de  la linterna frontal, ver más o menos su interior. La grieta tendría unas tres palmas de altura por un metro de ancho, pero con una longitud de dos o más metros, y toda ella tenía el techo tapizado de cristales de cuarzo. El suelo estaba lleno de hojarasca y musgo seco, que presumiblemente se iría colando a lo largo de los años por una abertura que existía en el otro extremo de la grieta. Y lo más importante: en los cuarzos del techo se podía ver una amplia fractura que los separaba de la roca matriz. Así fue que me decidí a buscar una vara lo más rígida posible y lo suficientemente larga, cosa no muy difícil por aquellos lares. 



La última vez que me acerqué a la mina, habían picado lo indecible, haciendo desaparecer la mayor parte de la pared donde aparecían los cuarzos y también las tetraedritas. Un argallo termino de liquidar gran parte de esa zona del yacimiento. 


La cuestión funcionó asi: una vez con la vara y de nuevo sobre la repisa, empecé a tantear la fisura que separaba a los cuarzos del techo, con la intención de ir soltando placas, y confiando en que la gran cantidad de hojarasca que cubría el suelo impidiese que se dañasen. 
Lo cierto es que funcionó tal cual habíamos pensado. Nada mas empecé a introducir unos centímetros de la vara en la fisura y a apalancar ligeramente, las placas de cuarzo empezaron a soltarse y a caer sobre la manta de hojas del suelo de la grieta. Ahora se trataba de aprovechar la inclinación que tenía la grieta para ir echando las placas hacia nosotros con la ayuda de la vara, y una vez asomasen por la boca, estirarse lo más posible, con cuidado de no caer, y agarrarlas con las manos. Por suerte, la hojarasca del suelo de la geoda, amortiguó la caída de los cuarzos desde el techo de la, misma, y las puntas salieron finalmente sin daños. 



En la entrada al balcón, justo antes de la pared de la geoda. 



Así, manda guevos, con un palo, sacamos del orden de 40 piezas, de las cuales yo conservo en colección la que muestro en esta entrada



Detalle de las recristalizaciones y las áreas sin recubrir. 

Los cuarzos tienen poco desarroyo en sí, y carecen de transparencia, aunque si presentan buen brillo. Pero tienen, además, dos características que los hacen únicos y los distinguen de otros ejemplares similares. La primera son las inclusiones, presumiblemente de óxidos, que forman líneas y manchas rosadas en todo lo amplio de las piezas. La segunda es una cristalización postrera que recubre toda la cristalización anterior, pero dejando libres pequeñas áreas , a modo de una especie de ventanas que dejarían ver el cuarzo interior. 


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