Se trata de unas baritas algo menos vistas que las típicas de la mina Moscona; pequeños cristales laminares, blancos y con mucho brillo, que forman agregados esféricos de entre uno y dos centímetros. Piezas bonitas que merece la pena conservar.
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jueves, 7 de abril de 2022
lunes, 4 de abril de 2022
FLUORITA MONTE CALDOVEIRO.
Nueva pieza de fluorita del Caldoveiro, extraída el verano de 2021.
El tamaño del cubo, de medio centímetro, puede parecer más bien reducido, sin embargo no es mal tamaño para lo que allí apareció ocasionalmente.
Pieza número 1405. Fluorita de la mina El Cadupo, en el monte Caldoveiro, Puertos del Marabio, Villabre, Yernes y Tameza, Asturias.
domingo, 27 de marzo de 2022
FLUORITA DE LLAMAS
Esta pieza formó parte de un intercambio que realicé en su momento con J. R., por una fluorita de la Carolina quirosana.
Los cristales, que crecen sobre las puntas de los escalenoedros de calcita, son bastante aplanados y presentan un biselado muy marcado.
miércoles, 16 de marzo de 2022
FLUORITA DE SINGUERLÍN
Otra pieza que, junto al cuarzo con hematites que ya enseñé, me llegó en mi primer cambio, lo que le da a mis ojos un especial interés. Independientemente de ello, además la pieza también es bonita.
domingo, 13 de marzo de 2022
CALCITA DE LA VIESCA
Este ejemplar fue un regalo que me hicieron cuando empezaba un poco en serio en esto,y aunque por desgracia tiene una punta tocada, es una de esas piezas que guardas más por sentimentalismo que por otra cosa.
Salió entre febrero y mayo de 2007 de la Geoda de las Calcitas, en la Viesca.
jueves, 17 de febrero de 2022
ESFALERITA SIERENSE.
Esta pieza fue fruto de otro intercambio. Cristales de cuarzo y fluorita transparente entre los que se entremezclan varios cristales de esfalerita.
sábado, 5 de febrero de 2022
FLUORITA DE BERBES.
Este ejemplar de fluorita, al igual que otros que he ido mostrando o mostraré en adelante, fue un obsequio que me hizo en su día José Ramón García, durante una de las charlas sobre piedros que en ocasiones, cuando regresaba a Oviedo, manteniamos en su local de la calle González Besada.
miércoles, 8 de diciembre de 2021
FLUORITA DE LOS COBAYOS
Pocos lugares han llegado a ser tan celebres y famosos en este mundillo del coleccionismo de minerales como Los Cobayos y La Paredona; y no es para menos, sabiendo la cantidad y calidad de las piezas que de allí se han recuperado. Esto ha convertido a este yacimiento en uno de los más picados del panorama nacional, por lo que cada día es más difícil extraer buenas piezas, pudiendo picar durante días sin lograr recuperar nada que merezca realmente la pena. Sin embargo y aun así, y de vez en cuando, el burro toca la flauta, como sucedió con esta pieza, extraída recientemente, durante el verano de 2021, en la zona alta de Los Cobayos.
65x45x30mm. Arista del cristal mayor: 30mm
Esta pieza, completamente flotante y con muy buen color, es la única que salió entera de una pequeña geoda, repleta de barro, en la zona sur de la Paredona.
lunes, 15 de noviembre de 2021
FLUORITAS DE LA BERTA.
Las piezas que muestro en la entrada de hoy, ya plenamente integradas en mi colección, son fruto de un cambio que realicé, allá por 2019, con un compañero y buen amigo catalán.
1219. Fluorita y calcita. Pedrera Berta, Turó de Can Domènech, Sant Cugat del Vallès-El Papiol, Barcelona. 75x65x25mm.
Muestran los cristales más grandes que yo haya visto de la pedrera Berta, y probablemente de los mayores que hayan salido. Pero es que además del tamaño, presentan un color, un brillo y una transparencia increíbles. Un lujo de piedras, vaya. Máxime cuando hablamos de una cantera de la que ya muy poco, o ningún material va a salir, ya que ha sido "catalogada por la Dirección General de Medio Natural de la Generalitat como un espacio con elementos geológicos de especial interés, por su valor científico y docente". Supongo que a estas alturas ya la habrán cubierto con toneladas de escombro y tierra e hidrosembrado en toda su extensión, que es lo que se suele hacer para proteger estos lugares... En fin.
Fluorita en calcita. Pedrera Berta, Turó de Can Domènech, Sant Cugat del Vallès-El Papiol, Barcelona. 90x90x30mm. Como en la anterior pieza, el cristal principal también alcanza los dos centímetros.
jueves, 11 de noviembre de 2021
2017 EN BERBES...
Allá por finales de 2017, el compañero y amigo, José Ignacio García, abrió, una vez más de tantas, una bonita y amplia geoda en la zona alta de la Paredona (Los Cobayos), en Berbes, y de la cual salieron no menos de cuatro docenas de ejemplares.
Tras el descubrimiento y habiendo extraído las primeras piezas justo antes del anochecer, tapó como pudo la geoda y contactó conmigo y con otro compañero para compartir con nosotros, no sólo las piezas, si no también el placer de sacarlas. Aún espero, por cierto, poder compensarselo de igual manera algún día.
Pues bien, dicho y hecho, y de esta forma, allí nos presentamos mi mujer y yo a primera hora del día siguiente, donde con el habíamos quedado: a pie mismo de geoda.
Cuando llegamos, Nacho ya estaba allí, destapando la geoda y preparando el material que pudiese hacer falta para trabajarla, aunque apenas hizo falta más que abrir un poco más, en algún puntual sitio, para acceder mejor a ciertas zonas de la geoda. En el interior, todas las piezas estaban sueltas o prácticamente sueltas en la arcilla. En definitiva, un lujo: meter la mano, rebuscar, y sacar piezas. Esas son las geodas que da gusto vaciar.
Las piezas salían completamente envueltas en arcilla, la cual no retirábamos, si no que procedíamos, así, según salían, a ir envolviendolas en varias hojas de periódico, lo que les brindaba una protección extra. Tan sólo nos cercionabamos de que tenían cubos y por tanto había que cargarlas, y así se iban guardando, sin más ceremonia. De esta manera fueron saliendo y empaquetandose, una tras otra, todas las piezas.
Nosotros nos turnabamos para sacarlas de la geoda, que, como todo dios sabrá, es la tarea más grata.
Echamos una mañana en vaciarla, y a ello hay que sumarle la hora larga y la docena y media de ellas que Nacho había sacado ya el día anterior.
Algunas de las piezas que salían, las menos, no tenían fluorita, así que había que retirar algo de barro según se iban extrayendo para comprobar que tuviesen cubos.
Pieza de fluorita recién extraída de la geoda. En algunas zonas pueden apreciarse los cubos de fluorita o los pequeños cristales de cuarzo de la matriz.
Todos los ejemplares eran muy similares; presentaban cubos de fluorita malva suave o rosa, de hasta el centímetro, sobre una matriz cubierta de microcristales de cuarzo, y muchos de estos cristales tenían las aristas biseladas.
Los tamaños fueron diversos, midiendo algunas tan sólo una media docena corta de centímetros, y llegando otras a rozar la veintena.
En definitiva, piezas de una calidad más que razonable para todo lo que lleva saliendo en Berbes desde hace años.
Una de las piezas tras lavarla y quitarle el barro. Tras ello, un baño en ditionito eliminaría la mayor parte de los óxidos, persistiendo únicamente los que se encontraban bajo el cuarzo.
Varias piezas de la geoda, expuestas en una de las vitrinas de colección de José Ignacio García.
domingo, 31 de octubre de 2021
MI PRIMERA FLUORITA.
Los primeros lugares a los que uno va a picar cuando se inicia en el coleccionismo de minerales y es asturiano, son, indefectiblemente, La Collada y Berbes; vaya, que sí o sí.
Claro pues; como no podía ser de otra forma, hacia allí me encaminé yo, y por ese orden. Y lo que son las cosas; de esas primeras salidas, primero en la Collada y en Berbes después, aún conservo piezas en colección que no he podido mejorar, y que ahora ya se quedarán en ella de cualquier forma, pues poseen un valor añadido.
Fluorita. Los Cobayos, Berbes, Ribadesella, Asturias. 95x60x55mm. Cristal mayor: 20x16mm
Una de esas piezas irremplazables es, precisamente, la que hoy muestro en esta entrada; y voy a contar un poco, y de forma breve, su historia.
La primera vez que fui a Berbes llevaba coleccionando unos tres meses, es decir, no tenía ni puta idea de absolutamente nada. Había leído mucho, cierto, y me había informado lo más posible sobre el lugar y lo que tenía que buscar, y además, tenía la reciente experiencia de haber abierto una geoda en la Sirena; pero esas eran las únicas fluoritas que había tenido en mi mano, y aquel golpe de suerte no me había enseñado nada sobre cómo buscar y picar; simplemente había tenido eso, suerte.
Así que, como decía, no tenía ni zorra idea, pero eso sí, lo compensaba un poquitín con muchas, muchas ganas.
Me pasé casi un día entero reconociendo todo el lugar, desde el monte cerrado donde deberían haber estado los Cuetos II y del Aspa, pasando por el Frondil, hasta Los Cobayos y La Cabaña y llegando hasta lo alto de las Picas.
Esa primera vez no me llevé nada para casa, excepto una imagen: un hueco de medio metro de diámetro abierto a unos tres metros de altura en medio de la pared.
Y con esa imagen en la cabeza me fui para casa y me acosté; y con ella desperté y fui a trabajar, y con ella, finalmente, monté en el coche y conduje de nuevo hasta Berbes, esta vez preparado para llegar hasta ella. Con arnés y una cuerda con la que asegurarme, subí hasta la Paredona y sin pensármelo ni pararme un segundo a mirar al rededor, trepé hasta el hueco como mejor pude.
La posición, una vez arriba, era muy incómoda y bastante inestable. Un pie punteaba sobre una mínima laja a mi izquierda, y el otro, algo más alto, presionaba sobre un canto a la derecha, manteniendome casi por oposición. La Cuerda estaba atada abajo, y yo me aseguraba con un shunt, un bloqueador que, al menos aquí, llamamos pato. Me había asegurado, dos palmos por encima de mi cabeza, a un viejo clavo que ya estaba allí y a un fisurero que yo había metido, pero no me fiaba demasiado ni del clavo ni de la grieta donde había anclado el fisurero. Para más colmo, la geoda era grande, como un tubo, y había que meterse dentro, a la larga, para llegar al fondo (lo demás estaba ya extraído o machacado), y para ello tenía que dejar un poco de comba en la cuerda, lo que quiere decir que si caía, pegaría un tirón sobre los seguros, y si estos saltaban, la hostia, aunque no había mucha altura, podría ser suficiente para hacerse mucho daño.
Sea como sea, no hubo caída y no fue necesario confiarse a los seguros.
La geoda, como he dicho, era una especie de tubo aplanado en la que podías introducir medio cuerpo a lo largo. De esta forma podías llegar al fondo, pero con el inconveniente de que ello no te permitía movilidad suficiente como para poder picar, así que solo podías usar los dedos para intentar extraer las piezas que pudiesen estar sueltas. De aquí logré extraer dos piezas que también conservo en la colección y que mostraré más adelante, pero la que hoy muestro no salió de esta geoda, si no de otra más pequeña justo al lado.
De esta primera geoda de la que hablaba había que salir cada poco a respirar y estirarse, porque la posición dentro de ella era muy incómoda y bastante agobiante. En una de esas salidas y al ir a comprobar el fisurero que había metido me fije en algo que hasta entonces no había visto. Por encima de mi cabeza y a mi derecha se abría otro pequeño hueco. La mala noticia era que no podía auparme hasta el para verlo, pero la buena era que llegaba bastante bien con la mano.
La Paredona Vista desde abajo. En la zona izquierda de esta foto, quizás algo fuera de encuadre, es por donde se encontraban las dos geodas.
Tuve que abrirla un poco más, cosa que costó bastante debido a lo precario de la posicion y lo muy incómodo de la postura, pero finalmente pude acceder al interior y sacar lo que había dentro. Por suerte todo estaba suelto, o casi todo; por desgracia todo estaba roto... O casi todo.
Al fondo de la geoda había una pieza, la única que no estaba del todo suelta, aunque solo fue necesario un poco de insistencia para que se desprendiese de la pared; también, y por suerte, era la única que no estaba compretamente machacada. La envolví con mucho cuidado y me la guardé en la mochila. Media hora después ya estaba recogiendo el material para volverme para casa.
Hasta que no la lavé bien y le quité la arcilla no fui consciente de la calidad real de la pieza. Esa es la pieza que aparece en estas fotografías. Segundo yacimiento que visitaba y segundo golpe de suerte, y al igual que en el primero, no he vuelto a sacar en ellos piezas mejores.
Los cristales no pasan de dos centímetros, pero tienen un color, una transparencia y un brillo increíbles, además de marcados zonados de crecimiento, o fantasmas.
domingo, 24 de octubre de 2021
FLUORITA DE LA MINA CUCONA
De pequeño llegué a ver muchas fluoritas amarillas, del sector asturiano de Villabona-Arlós. Y cuando digo muchas quiero decir muchas, y de muchos tipos. Enormes piezas, grandes como el torso de un adulto, o del tamaño de un puño; con buenos cubos de color miel, naranjas o casi traslúcidos ; con barita de muchos tipos , grandes calcitas o cubiertas de pirita; unas formando lotes, otras como adornos; en muros y paredones, en fuentes y estanques para tortugas...
Como decía, muchas; y todas ellas de mano de un pariente de mi padre que por aquella entonces trabajaba para las minas del sector en cuestión.
El caso es que algunas piezas terminaron en mi casa, de pisapapeles, adornos y cosas así, y que algunas de ellas (el resto se regalaron) terminaron pasando a formar parte de una pequeña e incipiente colección mía; la colección de un niño, claro; un niño sin ningún familiar o conocido que le precediese en dicha afición y del que pudiese aprender a valorarla y preservarla, así que dichas piedras terminaron en una caja junto al resto de tesoros que yo mismo iba rescatando de playas, cuevas y montes (sí, donde yo vivo, ya de niños nos tirábamos al monte y nos metíamos en cuevas)
Hace unos años retomé esta afición a los piedras y empecé una nueva colección, ya un poco más seria, de minerales, y a ella incorporé, in extremis, una calcita de la mina Cucona muy deteriorada. Supe que la mina era la Cucona, concretamente, por el primo de mi padre, el mismo que se la había regalado, junto a otra media docena, a finales de los 80. Obviamente, con esta información, y sabiendo que varias de esas piedras habían sido guardadas por mi mismo, emprendí la desesperada búsqueda. Pero por más que busqué, (y sí que busqué, sí) no encontré nada más; y finalmente las di por perdidas.
Pasaron unos pocos años, y hoy, revolviendo en la buhardilla de casa de mi madre unas cajas con antiguos juguetes de mi hermano y míos, encontré una caja de zapatos entre un "Juegos Reunidos" y unos Master del Universo, y dentro, junto a algunas estalactitas, varias conchas y algún que otro fósil, aparecieron 4 de las piezas de Cucona.
Tres de ellas estaban, como era de esperar, bastante machacadas; la cuarta, sin embargo, la que muestro en esta entrada, está más que bien y ha sido acogida con todo el cariño del mundo para pasar a formar parte de mi colección , aunque más que pasar a formar parte de ella, debería decir que siempre estuvo ahí.
miércoles, 20 de octubre de 2021
VIEJAS FLUORITAS DE LA COLLADA.
Las dos fluoritas que muestro en esta entrada de hoy, que forman parte de mi colección personal, y una de las cuales también llega a ella desde Sabero, son un regalo del compañero y amigo Nacho (García Alonso).
Fluorita de la corta Rosario Sur, Minas de la Collada, La Collada de Atrás, Siero, Asturias. 95x55x35mm.
En hábito y morfología son del todo idénticas a las ya clásicas piezas verdes que de esta misma corta han salido durante los últimos años. Estas otras, sin embargo y como se puede ver, en lugar de verdes son de color morado.
Fueron extraídas en Junio de 1989, en unos años en que las labores, como se puede apreciar en la siguiente foto, aún no estaban tan vegetadas como hoy en día lo están.
Estado de las labores a cielo abierto en la corta Rosario Sur durante el verano de 1989. Fotografía de José Ignacio García Alonso.
La zona donde antaño salieron estas piezas, está hoy sepultada bajo toneladas de barro y escombros, y es completamente imposible trabajar en ella. Por ello es más de agradecer aún el poder tener dos de las piezas que fueron recuperadas aquel verano.
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