Allá por finales de 2017, el compañero y amigo, José Ignacio García, abrió, una vez más de tantas, una bonita y amplia geoda en la zona alta de la Paredona (Los Cobayos), en Berbes, y de la cual salieron no menos de cuatro docenas de ejemplares.
Tras el descubrimiento y habiendo extraído las primeras piezas justo antes del anochecer, tapó como pudo la geoda y contactó conmigo y con otro compañero para compartir con nosotros, no sólo las piezas, si no también el placer de sacarlas. Aún espero, por cierto, poder compensarselo de igual manera algún día.
Pues bien, dicho y hecho, y de esta forma, allí nos presentamos mi mujer y yo a primera hora del día siguiente, donde con el habíamos quedado: a pie mismo de geoda.
Cuando llegamos, Nacho ya estaba allí, destapando la geoda y preparando el material que pudiese hacer falta para trabajarla, aunque apenas hizo falta más que abrir un poco más, en algún puntual sitio, para acceder mejor a ciertas zonas de la geoda. En el interior, todas las piezas estaban sueltas o prácticamente sueltas en la arcilla. En definitiva, un lujo: meter la mano, rebuscar, y sacar piezas. Esas son las geodas que da gusto vaciar.
Las piezas salían completamente envueltas en arcilla, la cual no retirábamos, si no que procedíamos, así, según salían, a ir envolviendolas en varias hojas de periódico, lo que les brindaba una protección extra. Tan sólo nos cercionabamos de que tenían cubos y por tanto había que cargarlas, y así se iban guardando, sin más ceremonia. De esta manera fueron saliendo y empaquetandose, una tras otra, todas las piezas.
Nosotros nos turnabamos para sacarlas de la geoda, que, como todo dios sabrá, es la tarea más grata.
Echamos una mañana en vaciarla, y a ello hay que sumarle la hora larga y la docena y media de ellas que Nacho había sacado ya el día anterior.
Algunas de las piezas que salían, las menos, no tenían fluorita, así que había que retirar algo de barro según se iban extrayendo para comprobar que tuviesen cubos.
Pieza de fluorita recién extraída de la geoda. En algunas zonas pueden apreciarse los cubos de fluorita o los pequeños cristales de cuarzo de la matriz.
Todos los ejemplares eran muy similares; presentaban cubos de fluorita malva suave o rosa, de hasta el centímetro, sobre una matriz cubierta de microcristales de cuarzo, y muchos de estos cristales tenían las aristas biseladas.
Los tamaños fueron diversos, midiendo algunas tan sólo una media docena corta de centímetros, y llegando otras a rozar la veintena.
En definitiva, piezas de una calidad más que razonable para todo lo que lleva saliendo en Berbes desde hace años.
Una de las piezas tras lavarla y quitarle el barro. Tras ello, un baño en ditionito eliminaría la mayor parte de los óxidos, persistiendo únicamente los que se encontraban bajo el cuarzo.
Varias piezas de la geoda, expuestas en una de las vitrinas de colección de José Ignacio García.




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