La primera vez que oí la ya célebre historia de las epidotas de Tremp fue cuando, casi recién estrenada mi nueva afición, recibí esta pieza en un intercambio.
A día de hoy ya tengo piezas mejores, con mucho, que llegaron de mano de intercambios y regalos de un compañero catalán, de los que gracias a las piedras he tenido la suerte de conocer. Aún así, sigo guardando esta por pura nostalgia.






